Cómo los sellos discográficos independientes reinventaron la música colombiana

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El escenario sonoro de Bogotá, Colombia es muy diverso. Esto, en gran parte, se debe al trabajo de los sellos discográficos independientes que durante las últimas dos décadas han ampliado su repertorio para incluir los sonidos de ritmos rurales colombianos.

Aunque la curiosidad por los sonidos regionales ha sido una fuente de inspiración recurrente desde 1940, hubo un resurgimiento que empezó a manifestarse desde inicios del 2000 con el nacimiento de bandas como Curupira, Mojarra Eléctrica y Puerto Candelaria. Curupira es una banda que usa tambores y gaitas, instrumentos tradicionales de la costa Caribe, mientras que la Mojarra Eléctrica y Puerto Candelaria mezclaron música tradicional afrocolombiana de la región del Pacífico con jazz, rock y funk.

Según el músico y musicólogo Andrés Gualdrón, “el surgimiento de estas bandas coincide con el nacimiento de sellos discográficos independientes que hicieron sus propias grabaciones que, algunas de ellas, alcanzaron una visibilidad internacional”. Entre estos sellos están Palenque Records (1996), La Distritofónica (2004), Llorona Records (2007), Festina Lente Discos (2009) y Sonidos Enraizados (2012) quienes se convirtieron en promotores, curadores y documentalistas de la evolución de esta escena musical. Al mismo tiempo, ayudaron a circular la música de artistas rurales y locales en centros urbanos y alrededor del mundo.

Algunos de estos sellos se han beneficiado del mercado del “word music” para vender sus álbumes en otros países.

Algunos de estos sellos se han beneficiado del mercado del “word music” para vender sus álbumes en otros países. Este es el caso de Llorona Records, un sello independiente que lleva 11 años y busca mostrar la riqueza musical colombiana construyendo puentes entre sonidos tradicionales y lenguajes musicales contemporáneos para atraer a audiencias más jóvenes.

“Llorona Records llegó en un momento en el que había un movimiento en la escena musical colombiana de rencontrarse con nuestra herencia musical”, dice el cofundador del sello, Diego Gómez. El catálogo de Llorona varía desde los ritmos como el calypso de Elkin Robinson, un músico de la Isla Providencia del Caribe colombiano, hasta Los Gaiteros de San Jacinto, una de las agrupaciones de gaita más importantes y de mayor tradición en el país. Pero Llorona es más que un sello discográfico. Desde la mirada de Gómez, un sello es como una sombrilla: “Por más de diez años, hemos producido eventos, conciertos, festivales y hemos liderado proyectos de emprendimiento”.

Algunos de estos sellos empezaron como una respuesta al surgimiento de una escena de la nueva música colombiana, mientras que otros fueron el resultado de una búsqueda artística particular. A mediados de 1990 el cineasta y productor Lucas Silva viajó a San Basilio de Palenque, un corregimiento de Bolívar en el norte de Colombia, para grabar un documental sobre la champeta, un estilo de música bailable basado en ritmos africanos que llegó a través de vinilos en 1970 y 1980 a la Costa del Caribe colombiano.

Silva terminó conociendo a varias bandas afrocolombianas de Palenque y Cartagena, incluyendo al Sexteto Tabalá, una agrupación que combina el son cubano tradicional con percusiones y claves afrocolombianas. En ese entonces, la banda tocaba principalmente en funerales y fiestas; el sexteto era muy poco conocido en otras regiones más allá de San Basilio.

El cineasta llevó el Sexteto Tabalá para presentarse en un concierto en Bogotá y luego grabó su primer álbum, lanzado a través del sello Ocora de Radio Francia en 1998, cuyo disco le dio mucha visibilidad al grupo y pronto tuvo una acogida en centros urbanos.

Esto fue el comienzo del sello independiente Palenque Records, que busca promover música afrocolombiana contemporánea. Ahora, 20 años después de su creación, Palenque Records está detrás de la producción de 18 discos de cumbia y champeta de artistas como Son Palenque, Michi Sarmiento y Abelardo Carbonó, uno de los padres de este género.

“ahora es un muy buen momento para estar en Bogotá y hacer música. También hay más posibilidades y espacios en el mercado”.
—Alejandro Forero

Uno de los colectivos musicales más persistentes que organiza festivales de música y produce sus propios discos es La Distritofónica. En el 2004, ocho músicos se dieron cuenta que si trabajaban juntos, podían sacar adelante sus propios proyectos. Para Alejandro Forero, miembro de La Distritofónica, el colectivo es “una forma de crear una memoria de los músicos del colectivo pero también es un encuentro entre amigos”. Y agrega que, durante estos últimos 14 años, los escenarios musicales fueron muy importantes, así como las grabaciones, porque reunieron varias bandas de la escena independiente en Bogotá. 

La audiencia de La Distritofónica ha venido creciendo, así como la curiosidad musical del colectivo. Forero agrega que “las producciones discográficas han generando un público que, pese a que es pequeño, ha ido creciendo en estos últimos años y permanece relativamente estable”. Más allá de la audiencia, la escena bogotana está en un momento muy vital. Según Forero, “ahora es un muy buen momento para estar en Bogotá y hacer música. También hay más posibilidades y espacios en el mercado. Vemos que las bandas están organizando más giras, aplicando a convocatorias, viajando al exterior o haciendo conciertos internos”.

Por varios años, Luis Daniel Vega, periodista musical y director del programa de radio, Señal Cumbia, ha seguido la escena del jazz y la música experimental de Chapinero en Bogotá. Como coleccionista de música, siempre quiso saber quién estaba detrás de los sellos discográficos. Fue así que Vega, en 2009, creó Festina Lente Discos junto con un amigo, un sello que empezó a documentar una manifestación sonora particular en Bogotá. Su primer álbum, “Meleyólamente”, del pianista Ricardo Gallo y el guitarrista Alejandro Flórez, fue grabado en la sala de la casa de una amiga. Este es un sello que busca acercamiento móvil a la grabación, de calidad profesional, pero que no busca la perfección.

“Somos fetichistas y nos gustan los objetos, los discos”, dice Vega. Festina Lente, más que un sello profesional, es un proyecto motivado por el acto musical que graba un espectro mucho más amplio que solo jazz. Ahora tienen un catálogo de 25 discos, que incluye trabajos de Los Pirañas, una banda tropical de punk instrumental; Las Añez, dúo de hermanas gemelas que mezcla sonidos locales con música contemporánea; Mugre, otro dúo de post punk experimental y la nombrada banda Curupira. También han grabado música de cámara y música tropical experimental.

Para Vega, los sellos independientes ponen “una balanza al gran monopolio de los sellos más dominantes que dictan qué es lo que hay que escuchar. Viene bien que muchas manifestaciones actuales de música muy popular en Colombia hayan surgido de iniciativas discográficas independientes”.

Este es el caso de Sonidos Enraizados, un sello fundado en 2012 por Lucía Ibáñez Salazar, una investigadora, videógrafa y gestora de música tradicional junto con Urián Sarmiento, percusionista, productor e investigador que ha grabado varios tipos de música tradicional colombiana desde el 2003. El sello se centra en grabar música de comunidades en áreas remotas del Caribe colombiano, el Pacífico, los Llanos Orientales, la selva del Amazonas y de la región Andina. Este esfuerzo ha producido discos de artistas como Paíto, el último representante de la gaita negra en Colombia, y Carmelo Torres, el heredero de la cumbia sabanera del “rey de la cumbia”, Andrés Landero. 

Sonidos Enraizados tiene tres aproximaciones: la investigación musical, producción y la circulación. Desde su fundación, el sello ha sido un referente de la música regional colombiana y un reflejo de una manifestación que está en constante evolución. Al mismo tiempo, ha hecho visibles a varias comunidades musicales a un nivel local e internacional.

Recientemente, Sonidos Enraizados se alió con cuatro sellos independientes que emergieron casi al tiempo (Polen, Llorona, Palenque y Tambora) para crear el primer compilado llamado “Meet the Colombian Music Powehouses Vol. 1”. Este ya está disponible en varias plataformas virtuales, cuya colaboración busca divulgar sus producciones físicas y digitales a una audiencia más amplia.

En los últimos años, el surgimiento de plataformas digitales ha abierto muchas posibilidades para expandir el mercado musical colombiano a un panorama internacional. Pese a que en este momento las reproducciones de música en internet sobrepasan las ventas de discos físicos, estos sellos independientes tratan de mantener su independencia creativa. Finalmente, el apoyo a los creadores tanto locales como urbanos ha sido fundamental para apoyar la nueva música colombiana, que tiene una creciente influencia a nivel global.

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Ana Luisa González

Ana Luisa González is a bilingual arts journalist based in Bogotá, Colombia. She has collaborated for various publications in the U.S. such as Fusion, …more 

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